Agotado el día, deja paso a la noche. La noche es serena, y contemplativa, ve al día como un sueño. No lo percibe como real, no alcanza a comprender el total de su lógica y su proceder. Sin que eso la afecte, ella, la noche, transcurre sobria por los animales nocturnos que gozan de libertades que el día jamás conocerá, ni imagina. Pasa apenas sin mirar sobre los cuerpos que se aman, cuerpos que de día solo sirven para el desdén de la rutina. La noche goza, por que ella se deja gozar, en ella se goza, y se libera el instinto. Al final, no es que la noche se canse de su tarea, si no que es la luz, que atonta a los seres y los saca de su libertad para encarcelarlos, y es por eso que la noche se va, porque las criaturas renuncian a ella. Hay ciertos seres que pueden vencer a la luz y vivir en una noche eterna, sintiendo, gozando, disfrutando, como si siempre estuvieran bajo los influjos de la noche, es porque la llevan dentro.
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